Revista Internacional de Educación y Análisis Social Crítico Mañé, Ferrer & Swartz.

ISSN: 2990-0476

Vol. 4 Núm. 1 (2026)

 

Montessori: innovación pedagógica, afinidad fascista y comercialización de la educación

Montessori: Pedagogical innovation, fascist affinity, and the commercialization of education

Montessori: Inovação pedagógica, afinidade fascista e a comercialização da educação.

 

Irene Moreno Navarro

Universidad de Málaga

https://orcid.org/0009-0001-4108-3186

imornav2201@gmail.com

Marta de la Torre Cano

Universidad de Málaga

https://orcid.org/0009-0004-9671-3642

redorchestra@uma.es

Ricardo Morales Ruiz

Universidad de Málaga

https://orcid.org/0009-0008-8464-7026

0610900409@uma.es

 

 

Resumen

 

Aún hoy hay para quienes María Montessori es una de los mayores referentes en el mundo de la educación, y su metodología sigue aplicándose en decenas de miles de centros escolares a lo largo y ancho del planeta, incluso tras más de cien años de su invención. No obstante, en este artículo se ha realizado una revisión narrativa sobre los aspectos más oscuros y desconocidos sobre el método y su creadora, para iniciar un debate crítico al respecto. Se ha realizado un análisis de la forma en la que se ha comercializado su metodología hasta la actualidad, además de cómo los intereses detrás de este proceso han podido alterar nuestra percepción de las propuestas pedagógicas de la italiana y su propia historia, minimizando hechos cuestionables de la misma como su relación con el régimen de Mussolini. Investigar y dar a conocer este lado oscuro de la vida y obra de Montessori es necesario de cara a aplicar o no sus ideas en el aula de manera crítica y responsable, sin dejarse influir por intereses ajenos a lo educativo. Según nuestra investigación, el Método Montessori parece haberse convertido prácticamente en una “marca” comercial para la venta de materiales, la fundación de centros y cursos de formación privados. Sobre el método en sí, pese a haber supuesto un gran avance en su época, no se creó en base a una metodología científica rigurosa que justifique algunos de sus principios y elementos más cuestionables de cara a su aplicación en el aula, como la falta de trabajo cooperativo y desarrollo de la creatividad antes de los 6 años. Sobre la autora, entre otros aspectos, se ha demostrado que María Montessori llegó a colaborar con el régimen fascista de Mussolini de 1922 a 1933, resultando curioso el gran interés del mismo en la metodología, además del silencio de Montessori al respecto.

 

Palabras clave: Capitalismo educativo, didáctica, fascismo, historia de la educación, investigación pedagógica, método Montessori, Montessori, teoría de la educación.

Abstract

 

Even today, for some, Maria Montessori remains one of the most influential figures in education, and her methodology continues to be applied in tens of thousands of schools worldwide, more than a century after its invention. However, this article presents a narrative review of the darker and lesser-known aspects of the method and its creator, with the aim of initiating a critical debate. It analyzes how her methodology has been commercialized to this day, as well as how the interests behind this process may have altered our perception of the Italian educator's pedagogical proposals and her own history, minimizing questionable aspects such as her relationship with Mussolini's regime. Investigating and revealing this dark side of Montessori's life and work is essential for applying her ideas critically and responsibly in the classroom, without being influenced by interests unrelated to education. According to our research, the Montessori Method appears to have become practically a commercial "brand" for the sale of materials, the creation of centers, and the offering of private training courses. Regarding the method itself, while it represented a significant advance for its time, it was not based on a rigorous scientific methodology that would justify some of its more questionable principles and elements for classroom application, such as the lack of cooperative work and the development of creativity before the age of six. As for the author, among other aspects, it has been shown that Maria Montessori collaborated with Mussolini's fascist regime between 1922 and 1933, and the regime's great interest in the methodology, coupled with Montessori's silence on the matter, is curious.

 

Keywords:  Educational capitalism, didactics, fascism, history of education, pedagogical research, Montessori method, Montessori, educational theory.

 

Resumo

 

Ainda hoje, para alguns, Maria Montessori continua a ser uma das figuras mais influentes na educação, e a sua metodologia continua a ser aplicada em dezenas de milhares de escolas em todo o mundo, mais de um século após a sua invenção. No entanto, este artigo apresenta uma revisão narrativa dos aspetos mais obscuros e menos conhecidos do método e da sua criadora, com o objetivo de iniciar um debate crítico. Analisa a forma como a sua metodologia foi comercializada até aos dias de hoje, bem como a forma como os interesses por detrás deste processo podem ter alterado a nossa perceção das propostas pedagógicas da educadora italiana e da sua própria história, minimizando aspetos questionáveis, como a sua relação com o regime de Mussolini. Investigar e revelar este lado obscuro da vida e obra de Montessori é essencial para aplicar as suas ideias de forma crítica e responsável na sala de aula, sem ser influenciado por interesses alheios à educação. De acordo com a nossa investigação, o Método Montessori parece ter-se tornado praticamente uma "marca" comercial para a venda de materiais, a criação de centros e a oferta de cursos de formação particulares. Em relação ao método em si, embora representasse um avanço significativo para a época, não se baseava numa metodologia científica rigorosa que justificasse alguns dos seus princípios e elementos mais questionáveis ​​para aplicação em sala de aula, como a ausência de trabalho cooperativo e o desenvolvimento da criatividade antes dos seis anos de idade. Quanto à autora, entre outros aspetos, ficou demonstrado que Maria Montessori colaborou com o regime fascista de Mussolini entre 1922 e 1933, sendo curioso o grande interesse do regime pela metodologia, aliado ao silêncio de Montessori sobre o assunto.

 

Palavras-chave: Capitalismo educacional, didática, fascismo, história da educação, investigação pedagógica, método Montessori, Montessori, teoria educacional

 

Introducción

Tanto la doctora italiana María Montessori, como la metodología educativa que creó a principios del siglo XX, y con cuyo nombre bautizaría, son archiconocidas dentro del mundo de la educación, e incluso, quizás, fuera del mismo. Existen alrededor de 25.000 escuelas Montessori en todo el mundo, aunque esta cifra recoge únicamente aquellas escuelas que aplican la metodología Montessori de forma integral (Hermida, 2021). Si se tiene en cuenta a todos los centros que aplican sus ideas de manera parcial en combinación con otras metodologías, la cifra puede llegar a ser mucho mayor, aunque no existe un registro preciso al respecto. Por consiguiente, es evidente la relevancia de esta metodología en el panorama educativo más de 100 años después de su creación.

A nivel internacional existen dos grandes organizaciones que se dedican a fomentar y formar al profesorado para la adquisición de esta metodología, las cuales serían la Asociación Montessori Internacional (AMI), fundada por la propia María Montessori, y la Sociedad Americana Montessori (AMS, por sus siglas en inglés) (Seldin, 2026). Ambas instituciones también se dedican a “certificar” a aquellos centros que deciden aplicar la metodología educativa de la italiana, pero no parece un requisito indispensable, pues el Método Montessori no sería una marca registrada, por lo que cualquiera lo podría aplicar (o decir que lo aplica), sin requerir de ningún título o acreditación específica.

Ríos de tinta se han dedicado a elaborar biografías de María Montessori y analizar las virtudes de sus propuestas metodológicas, y en la mayoría de los casos, se ha tendido a alabar a ambas como grandes referentes de la educación actual. No obstante, lo que se plantea en esta investigación es algo un tanto diferente y que no se ha hecho tantas veces, pues si bien es innegable la buena fama del Método Montessori y su creadora, estas siguen teniendo sombras poco conocidas para el público general (Marazzi, 2000).

Actualmente, ya existe una cierta conciencia sobre que ciertas empresas privadas se lucran vendiendo material didáctico nombrado como “Montessori,” en un claro ejemplo de mercantilización del método, donde el negocio tiene un volumen más que considerable: El mercado mundial de juguetes Montessori alcanzó un valor de 3.500 millones de dólares en 2025 (Intel Market Research, 2026). Todavía existe un desconocimiento sobre aspectos cuestionables de la propia metodología y aspectos controversiales de la vida de su creadora. Por consiguiente, el objetivo de este escrito es presentar algunos de esos asuntos, y abrir ciertos debates en torno al Método Montessori que consideramos relevantes para la educación del siglo XXI.

Metodología

Para la elaboración del presente trabajo hemos realizado una revisión narrativa de la literatura existente sobre Montessori, en especial la referente a sus años de colaboración con Mussolini. Asimismo, nos hemos basado tanto en fuentes primarias, como en otros autores y autoras que realizan un análisis crítico e histórico de la autora, además de habernos apoyado en la información ofrecida por diferentes asociaciones Montessori a través de sus páginas webs, las cuales nos han permitido profundizar tanto en el análisis comercial, como el de datos de las instituciones educativas y los cursos formativos existentes.

La generación de datos para realizar una investigación social es un proceso generalmente costoso, tanto en tiempo, organización y coordinación… (García, 2018). Es por ello que, desde la ética, y desde nuestra formación en Educación y Psicología, hemos tratado de investigar de la forma más coherente posible, para traer a colación una compilación de datos que contribuyan a ir más allá del relato oficial y comercial de la materia.

Por esta razón hemos decidido realizar una metodología cualitativa, debido a que hemos querido indagar sobre la historia de Montessori, su metodología, la comercialización de su método y su relación con el fascismo (Creswell y Poth, 2018). Este tipo de metodología nos permite comprender mejor su desarrollo en el contexto social y entender cómo ha resurgido su método educativo en las aulas del siglo XXI (Denzin y Lincoln, 1994; Pérez, 2002).

La Marca

La comercialización de materiales didácticos en el ámbito educativo, concretamente en la educación infantil, no es algo novedoso, puesto que se lleva realizando desde finales del siglo XIX, y se continúa realizando a día de hoy (Martínez y Marín, 2022). Actualmente, una de las marcas que las empresas la presentan como innovación pedagógica, son los materiales de la metodología de Montessori. Este método se encuentra actualmente en auge, recibiendo el adjetivo de “novedoso,” y promocionándose como una metodología nueva destinada para educación infantil e, incluso, colegios. Sin embargo, si nos remontamos un poco en la historia, podemos observar en los libros que el primer centro que María Montessori abrió, haciendo uso de su método fue en 1907, en un barrio de clase obrera en Italia, contexto que se aleja bastante de donde actualmente se aplica (Barnes, 2020).

Cabe destacar, que en sus comienzos el método Montessori no era todavía una marca, sino otra forma de llevar a cabo la educación de las personas más desfavorecidas, como los niños de San Lorenzo o los niños abandonados de un centro psiquiátrico, es decir, daba una especie de servicio público. No obstante, con el paso de los años, María Montessori conoció a Samuel McClaure, un empresario estadounidense que ayudó a hacerle propaganda, y a Josephine Tozier, que hizo una publicación en 1911 acerca de su método (Martínez y Marín, 2022); gracias a estas personas la metodología Montessori comenzó a reconocerse y a difundirse; sin embargo, hubo disputas internas entre McClaure y Montessori, ya que el primero quería llevar a cabo cursos de la metodología en Estados Unidos, propuesta con la que Montessori no estaba de acuerdo: la italiana prefería que la formación fuera llevada por ella misma (Kramer, 2019). Montessori creó en respuesta su primer curso en 1913 en Roma, haciendo que los estadounidenses fueran al país para formarse. Más tarde María, comenzaría a viajar por otros países para expandir su metodología mediante conferencias, cursos, materiales, manuales, entre otros, y realizado todo por ella, siendo costeado por las personas interesadas (De Stefano, 2020). Por tanto, la capitalización de la metodología Montessori no es algo nuevo, sino que la propia autora del método comenzó a “patentarlo” a nivel mundial, generando de su sistema una marca que hasta día de hoy sigue vigente en el mercado.

Con la creación de las asociaciones Montessori (siendo la primera creada en 1929), el legado de María Montessori no se ha extinguido, y nos encontramos, además de las ya mencionadas, asociaciones como Montessori Canela Internacional (2026), Asociación Montessori Española (2026), Fundación Argentina María Montessori (2026), Asociación Montessori Málaga (2026), y un largo etcétera.

Gracias a estas asociaciones, como hemos mencionado anteriormente, la herencia del método ni se ha modificado, ni se ha perdido, sino que ha vuelto a popularizarse en occidente, resurgiendo con tintes elitistas. Es importante recalcar que la “marca” Montessori se sustenta por tres elementos principales que son: los materiales, los cursos y los manuales (Martínez y Marín, 2022).

Muchos de los materiales que se venden por páginas webs, como Montessori para todos, entre muchas otras, con que lleve el nombre Montessori, son costosos, como por ejemplo para trabajar el área de lenguaje: un único material puede costar más de 130 euros (Montessori para todos, 2026a). Incluso, materiales de vida práctica, pueden costar hasta casi doscientos euros (Montessori para todos, 2026b). Mobiliario diverso se vende bajo la etiqueta, y un simple pequeño armario de seis casillas puede irse por encima de los ochocientos euros (Segurbaby, 2026).

Si se quiere implementar esta metodología en casa, como planteó, en 1912, Dorothy C. Fisher, en su publicación titulada A Montessori Mother (De Stefano, 2020), en la actualidad es algo complicado de llevar a cabo. Eso se debe a que las familias más pudientes son las que se pueden permitir comprar esos materiales “exclusivos” de Montessori. Decimos “exclusivos” puesto que muchos de los materiales de madera le ponen el nombre de Montessori, cuando no lo son y los que son Montessori… los puede crear uno/a mismo/a.

Por otro lado, los cursos formativos que se llevan a cabo a día de hoy tampoco son muy asequibles, puesto que no solo debes obtener la carrera o la formación profesional de educación infantil, sino que también debes superar cursos homologados para especializarte en la metodología, los cuales pueden suponer un costo, cuando redactamos este artículo, desde 783,75 a 6440 € (International Montessori Institute, 2026). Asimismo, no nos podemos olvidar de los manuales de la metodologías, los cuales también hay que comprarlos si queremos ser “expertos/as” del método.

Por tanto, como expone, Sanchidrián (2020), el método actualmente es “una marca que vende, y que vende de todo: por supuesto, materiales didácticos, colegios, formación, publicaciones, etc., pero también muebles para habitaciones infantiles y de todo (hay blogs, charlas TED y publicaciones de diverso alcance)” (p. 315). Como hemos podido observar, la capitalización de esta marca no es algo nuevo que haya llegado a nuestra sociedad, sino que lleva años comercializándose. ¿Cómo un método que, en su origen, presuntamente, se ideó para educar a los hijos e hijas de las clases más desfavorecidas, es ahora una opción educativa extendida entre los/as más ricos? Hay cierto halo de sofisticación en el método Montessori. Puede ser debido a sus ascéticas aulas, de colores apagados y neutrales, y su mobiliario minimalista. Quizás la premisa de educación “en libertad” da la sensación de que los y las menores están fuera de las garras del adoctrinamiento. Pero, ¿es esto real o sólo un espejismo?

El Método

Bajo nuestro punto de vista, la metodología de la doctora María Montessori pudo suponer un gran avance en educación cuando surgió a principios del siglo XX. Esta época fue especialmente relevante para el desarrollo de la pedagogía, pues numerosos movimientos comenzaron a criticar con mayor intensidad la eficacia y ética de la educación tradicional basada en la clase magistral y la instrucción directa. En dicho contexto, aparecieron nuevas propuestas alternativas a este modelo de escuela, tanto en Estados Unidos como en Europa, siendo una de las más famosas del viejo continente el Método Montessori, originalmente diseñado para infantes de entre 3 a 6 años de edad (Morssink-Santing et al., 2024).

Las propuestas de la italiana rompían con la concepción tradicional de la educación al otorgar un rol protagónico en el proceso de enseñanza-aprendizaje al menor, a la vez que limitaba, en gran medida, la participación y control que ejercía tradicionalmente el profesorado sobre el mismo (Morssink-Santing et al., 2024).

Según María Montessori, el menor posee de forma natural la motivación intrínseca necesaria para buscar el aprendizaje de forma activa, incluso de manera inconsciente, fenómeno al que la doctora hacía referencia como “mente absorbente,” que creía que se daba entre los 0-6 años de edad (Britton y Molina, 2000). Debido a ello, los intentos de generar una motivación extrínseca para su aprendizaje, tanto en la escuela como fuera de ella, no son más que un obstáculo para que los niños y niñas manifiesten dicha naturaleza (Montessori School of Silicon Valley, 2018). Para Montessori, el menor debía estar en control de su propio aprendizaje, guiándose por sus intereses, marcando sus propios ritmos de aprendizaje, y sin refuerzos externos que manipulen y deformen dicho proceso (Edwards, 2006).

Además de describir el rol docente como una figura de guía para el alumnado y limitar su control, dentro de esta metodología se tendría un cuidado minucioso por el ambiente en el que se desarrolla el aprendizaje, responsabilidad directa de los educadores (Britton y Molina, 2000). Las escuelas que siguen la metodología de Montessori han de crear aulas muy organizadas y estructuradas, prestando atención a que el mobiliario se adecue al tamaño de los y las menores, colocando todos los materiales a la vista y alcance del alumnado, permitiendo el movimiento de los niños y niñas por el aula, y facilitando espacios para el trabajo individualizado (García, 2025). Todas estas medidas eran necesarias para crear un entorno óptimo de aprendizaje para el menor sin tener que afectar a su autonomía en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

En la práctica, la doctora Montessori aplicó estas ideas mediante una metodología en la cual el alumnado debía trabajar de manera autónoma en el aula mediante materiales de carácter manipulativo (la mayoría de creación propia) en un espacio ordenado y bien estructurado (Marshall, 2017).

Principales críticas

La Metodología Montessori se presentó y presenta como un avance importante para la educación de la época, pero hay aspectos de la misma que, tanto entonces como en la actualidad, resultan cuestionables. Un posible ejemplo lo encontramos en el conocido “ejercicio del silencio”, pues dentro de la metodología montessoriana, el menor debe de trabajar en el aula en absoluto silencio, sin apenas estimulación auditiva (Chavarría, 2012). Esto implica que el propio alumnado no puede interactuar entre sí, pues dicha interacción se considera como una perturbación o distracción del propio aprendizaje. Dicha idea puede tener cierto sentido dentro del Método Montessori, pues el mismo se enfoca en fomentar el trabajo individual y la autodisciplina, dejando de lado el trabajo cooperativo o el aprendizaje entre iguales a esta edad (Sanchidrián, 2020).

Por otra parte, la visión que poseía María Montessori sobre la infancia también puede resultar algo cuestionable en la educación actual, pues una de las bases sobre la que sustentó su método es la idea de que los menores no juegan como tal, sino que en realidad están “trabajando” con su entorno físico inmediato. A ojos de Montessori, los niños y niñas son por naturaleza trabajadores, naturaleza a la cuál llegó a referirse con el grandilocuente término de “La gran obra”. Según esta visión, si al menor se le dan los materiales didácticos adecuados, preferirá trabajar con ellos de forma tranquila, en lugar de querer moverse y correr, cambiando su conducta al permitirle revelar su verdadera naturaleza (De Stefano, 2020), de ahí la importancia del diseño de materiales específicos por parte de Montessori.

La visión de la italiana sobre la naturaleza trabajadora del niño y la niña jugó también un papel importante a la hora de gestionar las conductas disruptivas en el aula, pues si un ser que por naturaleza es “trabajador” y “silencioso” no quiere trabajar en silencio, quiere decir que en cierta forma se encuentra “enfermo” y debe ser tratado como tal. Dentro de esta lógica, el menor disruptivo debe “reposar”, lo que se traduce en su aislamiento del aula, privado casi de estímulos. En este estado de reposo, la propia naturaleza trabajadora del discente se impondría a las conductas disruptivas y terminaría por “curar” al menor, que intentaría seguir trabajando en silencio (De Stefano, 2020).

Otro ejemplo de la particular visión que tenía la italiana sobre los menores es su idea de que antes de los seis años no se debe fomentar la imaginación del discente. Es decir, en la escuela montessoriana, no debería haber espacio para los cuentos, el dibujo, el teatro o cualquier forma de juego (trabajo) simbólico. Tal como describe L’Ecuyer (2023), Montessori creía que se debía de educar primero al discente de forma sensorial, antes de pasar a la abstracción (a partir de los 7 años).

Precisamente, una de las grandes críticas que ha recibido esta metodología, es que no parece dar cabida al desarrollo del juego simbólico o del propio lenguaje, al privar al menor de la estimulación necesaria para ambos (Gentaz y Richard, 2022). De hecho, este tipo de críticas surgieron casi desde el mismo nacimiento del método, pues cuando Montessori trató de llevar su método a Estados Unidos en la década de 1910, autores como William H. Kilpatrick o John Dewey (L’Ecuyer, 2023) criticaron duramente la falta de libertad creativa en el alumnado.

Como se puede apreciar, hay elementos del método Montessori que, una vez se analizan más allá de la figura de su autora, invitan al debate sobre su pertinencia y beneficio real para el menor. Debate que, por otra parte, consideramos aún más legítimo, dado que la implementación de tales principios en la metodología educativa creada por la doctora María Montessori no se llevó a cabo en base a pruebas empíricas contrastadas y a la aplicación de una metodología científica, lo que la propia creadora llegó a admitir: “Mis experiencias, sin embargo, estuvieron lejos de ser conclusiones rígidas y lógicas correspondientes a la aplicación de un método exacto y positivo” (Montessori, 1948, como se citó en L’Ecuyer, 2023, p. 256).

 

De hecho, la mayor parte de las aportaciones al Método Montessori, provinieron de las experiencias educativas concretas obtenidas en las Casas de niños fundadas por la italiana, y no tanto de las aportaciones de la psicología y antropología, cuyos métodos de investigación consideraba demasiado “invasivos” con el menor, y que tendían a deshumanizar al mismo (Foschi, 2020).

 

Pese a ello, es cierto que varios de los principios de su metodología, como la importancia del movimiento, la manipulación de objetos en el aprendizaje, la necesidad de autonomía en el alumnado y los perjuicios de promover una motivación extrínseca, encajan hasta cierto punto con estudios posteriores en los ámbitos de la psicología educativa y cognitiva (Edwards, 2006), pero no todos los elementos del método parecen estar respaldados por la investigación. Por ejemplo, el meta-análisis de Demangeon et al. (2023), sobre 33 estudios de la eficacia de la Metodología Montessori frente a otras metodologías parece indicar que, pese a que esta parece tener un efecto significativo en el rendimiento académico, no parece ser así en los casos del desarrollo cognitivo, la creatividad y las habilidades motoras.

Asimismo, el estudio realizado por Morssink-Santing et al. (2024), no hay diferencias significativas en el rendimiento académico del alumnado que ha sido educado mediante el método Montessori y la educación tradicional en su transición a la educación secundaria. De hecho, otras variables relacionadas con el contexto social, familiar y escolar del alumnado parecían tener una mayor inferencia en este.

¿Qué se puede considerar “Montessori” y qué no?

Incluso obviando las críticas a la metodología creada originalmente por María Montessori, no se puede ignorar la realidad, según la cual, los centros que dicen emplear esta metodología en la actualidad, pueden incluso no aplicarla igual que su autora original. El “Método Montessori” no es una marca registrada, por lo que legalmente, cualquier persona puede nombrar a su centro o institución educativa como “Montessori”, independientemente de qué metodologías se lleven a cabo allí dentro, por lo que queda la duda de cuán Montessori es la educación Montessori en la actualidad.

Habría que analizar qué criterios se deciden aplicar a la hora de realizar la selección de centros Montessori, si nos centráramos en las escuelas certificadas por la AMI o la AMS, por ejemplo. De hecho, los centros de secundaria que han adoptado la Metodología Montessori son un caso incluso más controversial, pues si bien la autora llegó a adaptar su método para primaria, murió en 1952 sin haber terminado de adaptarlo a secundaria (Lillard, 2013). De hecho, los intentos por llevar el “Método Montessori” a secundaria, como los de Bernabé (2016) o Delgado et al. (2021), parecen más bien un intento de llevar metodologías más activas y manipulativas al aula, en general, que de aplicar un método concreto. Por consiguiente, ¿es legítimo llamar a estos centros “Montessori”?

La realidad es que es difícil delimitar cuándo se está usando un sistema u otro, ya que estrategias usadas, en métodos como el de Montessori, o el de Dalton, son adaptados y usados en la metodología tradicional, y viceversa (Morssink-Santing et al., 2024). Tampoco es infrecuente que, sin saber el origen de esas prácticas, los y las docentes se dejen llevar por el “esto a mí me funciona” o por pura serendipia, llegando a métodos similares por rutas diferentes, por lo que… ¿tiene sentido categorizar a un centro como “Montessori”?

Sin duda, aunque el Método Montessori pudiera considerarse innovador en su comienzo, algunos de sus principios y aspectos son, por decirlo de algún modo, más que cuestionables. Pese a ello, es casi innegable que esta metodología ha recibido un gran apoyo en diferentes países en diversos momentos de los siglos XX y XXI, desde la II República Española hasta el Régimen fascista de Benito Mussolini (De Stefano, 2020).

Relación con el fascismo

De María Montessori se han dicho multitud de afirmaciones. Se llega a dar como cierto que fue la primera mujer en obtener el título de medicina en Italia (Infinite Women, 2026; School of Feminism, 2022). Hecho cuestionable, ya que tal mérito parece recaer en Maria Dalle Donne, titulada en 1804 (Palumbo y Calzolari, 2005), en María Pettracini, que obtuvo la licenciatura en Medicina en 1780 en Florencia (Carrera y D’Ottavio, 2016), en Zaffira Peretti (hija de la anterior), que estudió cirugía en Bolonia y obtuvo su título en 1800 (Lizabe et al., 2015), o hasta en Trótula de Salerno, una mujer nacida en el siglo XI que vino a hablarnos de un tema que hoy resulta muy actual: salud y autocuidado femeninos (Palacios et al., 2026).

Tampoco parece probable que el papa León XIII mediase a su favor para que entrara en la universidad, leyenda que popularizó la propia Montessori en varias entrevistas (Kramer, 2019). No obstante, lo anterior se queda en lo anecdótico en comparación con la etapa de su vida en la que se relacionó íntimamente con el régimen italiano fascista. ¿Qué pasó en esos años, desde 1922 a 1934? ¿Cómo se originó esta colaboración?

Según De Stefano (2020), el primer contacto con Mussolini se realiza a través de su hijo Mario en 1922:

[A Mussolini] le atrae la idea de tener clases de niños laboriosos y disciplinados, así como la adquisición precoz de la escritura y la lectura, fundamental en un país que todavía lucha contra el analfabetismo. Montessori, por su parte, espera que por fin haya llegado el momento de volver a casa. (De Stefano, 2020, p. 174).

Respaldada por Giovanni Gentile, intelectual afín al régimen, y Ministro de Educación Pública, entre 1922 y 1924 (Kramer, 2019), y por extraño que parezca, ella contribuye al cierre de colegios Montessori, al ser María declarada, por el gobierno fascista, Inspectora General de Escuelas, siendo sus criterios “educativos” muy estrictos: los clausuraba porque no le parecía que seguían el método adecuadamente (Kramer, 2019). Esos mismos años, comienzan a darse cursos de método Montessori sólo para la ciudadanía italiana, y para los años de 1929 y 1930, el método Montessori gozaba de más éxito y popularidad que nunca en su propio país, bajo el gobierno de Mussolini.

Eventualmente, parece ser que el régimen de Hitler fue el responsable, de manera indirecta, de que Mussolini se opusiera al método Montessori, ya que en 1936 sus escuelas fueron prohibidas, tanto en Alemania como en Italia (Quarfood, 2022): Finalmente, los fascistas acabaron por cerrar sus escuelas, condenar sus principios y prohibir toda actividad relacionada con el método (De Stefano, 2020). Cuando se le preguntó, en una entrevista, en 1947, por qué se había visto obligada a dejar Italia en 1934, Montessori explicó que fue por “diferencias ideológicas” (Kramer, 2019): Los fascistas cerraron mis escuelas porque estaban basadas en una idea internacional y me negué a enseñar la guerra (Quarfood, 2022). Sobre estas declaraciones, al parecer, Montessori se opuso a los cambios de carácter pro-belicista que el régimen pretendía instaurar en su método, siendo esta la línea roja que Montessori se negó a cruzar (Kramer, 2019), pero, ¿quizás fue esta oposición al gobierno fascista más bien impulsada por el orgullo y no por valores subyacentes?

Anteriormente, en 1932, Montessori ya había tenido “encontronazos” con el régimen cuando éste intentó interferir en la selección de personal docente (Marazzi, 2000). Teniendo en cuenta lo reacia que era Montessori a que le dijesen qué hacer con su propio método, aunque esto sea solo especulación, no es descabellado pensar que a Montessori le pesara más que le cambiaran su método que el fascismo en sí. A pesar de estas declaraciones, en ningún momento se opuso o denunció públicamente al fascismo (en 1926, Montessori fue nombrada “miembro honorífico del partido” [Kramer, 2019]), y no quería ser percibida como una “feroz anti-fascista” (Quarfood, 2022), lo cual nos hace preguntarnos qué vería de peyorativo o problemático en tal calificativo.

Puede que nunca sepamos los motivos reales de la colaboración entre María Montessori y el régimen de Mussolini, y sólo quedan las suposiciones ante el silencio de la propia Montessori sobre este capítulo de su vida: Montessori se autodefinía como apolítica (Kramer, 2019). Si tomamos por cierta está ambigua declaración, en el mejor y más ingenuo de los casos, podríamos decir que su colaboración con los fascistas fue por simple y llano oportunismo: vio la ocasión de expandir su método en su país natal y no la dejó pasar. Antes y durante esos años, su método se trató de implantar con éxito en España, Holanda, Inglaterra y Austria, entre otros países. Independientemente de los motivos, lo cierto es que la colaboración prosperó, para lo cual el método de Montessori tenía que resultar de utilidad para el gobierno de Mussolini. ¿Qué aspectos de la didáctica de Montessori podrían ser atractivos para los fascistas? A continuación, enumeramos los que consideramos que podrían encajar en la ideología fascista:

-       Libertad y Disciplina: se repite continuamente, tanto por escritos de la propia Montessori (Montessori, 2002), tanto como por otras fuentes (De Stefano, 2020; Kramer, 2019; Quarfood, 2022), que la libertad era su prioridad y fin último de su método. Pero, ¿qué entiende Montessori por “libertad”? ¿Cómo define la educadora italiana este término? Existen un gran número de textos acerca de su método y su predilección hacia la disciplina. En uno de los capítulos de su libro (Montessori, 2002) aparece la definición de libertad, en el capítulo V, titulado, irónicamente, “Disciplina”, puesto que ella considera que la libertad es la base de la disciplina: “Llamamos disciplinado a un individuo cuando es dueño de sí mismo y puede, por tanto, regular su propia conducta cuando sea necesario seguir alguna norma de vida” (Montessori, 2002, p. 100). Sin embargo, para llegar a cabo esa disciplina, según Montessori, primero debemos tener libertad, siendo este término para ella lo mismo que la actividad, puesto que su “... objetivo es disciplinar para la actividad, para el trabajo, para el bien; no para la inmovilidad, no para la pasividad, no para la obediencia” (Montessori, 2002, p. 106). Por ende, si no tenemos libertad que es la base de la disciplina, no podremos ser independientes, ya que “nadie puede ser libre a menos que sea independiente” (Montessori, 2002, p. 109). Aunque Montessori parece referirse a una “autodisciplina”, no sería muy difícil para el régimen fascista reinterpretar sus palabras a favor de una disciplina impuesta.

-          Domesticidad y feminidad. Aunque ella aboga por una sociedad donde los hombres también realizan tareas domésticas (Montessori, 2002), no podemos olvidar la época y sociedad en la que le tocó vivir a Montessori, por lo que no es de extrañar que, incluso aunque fuese de manera inconsciente, reprodujera en su metodología sesgos de género, tales como relacionar lo doméstico con lo femenino (Bone, 2017).

 

-          Racismo y supremacismo. En su artículo de 2023, Fallace expone que la obra de Montessori Antropología pedagógica está atiborrada de declaraciones racistas y justificaciones de la segregación racial. También pueden encontrarse comentarios racistas en sus cartas mientras viajaba a otros países (Hawthorne, 2019). El sentimiento de “italianidad” de Montessori es palpable en su obra (Marazzi, 2000), y según sus palabras:

en resumen, mi método puede colaborar con el fascismo porque establece la posibilidad de construir grandes energías espirituales; crea una higiene mental real que, cuando se aplica a nuestra raza, puede poner en valor sus enormes capacidades que, estoy segura de ello, superan las capacidades de todas las otras razas. (citado en De Stefano, 2020, p. 265).

Umberto Biscottini, secretario de Propaganda del régimen fascista, compara sus ideas con las del concepto de Superhombre de Nietzsche (Quarfood, 2022). Montessori aspiraba a crear, a través de su educación, al “niño perfecto” desde una perspectiva marcadamente eurocentrista, pero también capacitista (Seichter, 2024). Acorde a esta idea de “niño perfecto”, la italiana tendía a clasificar a los niños y niñas en “normales” u “anormales” en sus propias obras, llegando a mostrar cierto desprecio hacia este último grupo como algo que debía de ser corregido, razón por la cual pudo haber abandonado las escuelas de “oligofrénicos” para centrarse en los niños “sanos” (De Stefano, 2020). Montessori iguala un “desarrollo saludable” con un “desarrollo normal”, sobre todo referido a la salud física (Leenders, 2017). Esto se relaciona también con el concepto de actividad referido en el primer punto, y con la belleza, que asocia también a la raza (Fallace, 2023).

Conclusión

En definitiva, resulta incuestionable la relación que existió durante más de una década entre María Montessori y su metodología con el fascismo italiano de Benito Mussolini, si bien puede ser debatible hasta qué punto o en qué circunstancias tuvo lugar la misma. Por ende, tratar de negarlo o de mirar hacia otra parte es solo una forma de evitar un debate que, por alguna razón, parece que no interesa que se dé por parte de los sectores que se lucran con este método. Parte de esto parece recaer en que el Método Montessori es en gran parte una marca comercial que mueve grandes cantidades de dinero, y la figura de su autora es una parte esencial de su imagen pública. Es por ello que se entiende que la mayoría de biografías de la italiana tienden a omitir estos aspectos del personaje histórico que fue María Montessori, especialmente por parte de asociaciones y empresas con su nombre. Es decir, ¿quién pagaría una matrícula en una guardería con el nombre de una colaboradora del fascismo? No es precisamente un buen marketing en estos tiempos, al menos, no por ahora.

Asimismo, al igual que se han omitido matices de la vida de su autora, también parece que se intentan pasar por alto ciertos principios y características de su centenario método. Ya hemos comprobado cómo, pese al suponer un presunto gran avance pedagógico en su momento, el Método Montessori tiene fallas y aspectos cuestionables, que no se suelen comentar, aunque el objetivo de dicho análisis no es tanto el demostrar su invalidez pedagógica, sino más bien el invitar a quienes nos leen (especialmente si es docente y/o familiar de algún niño o niña escolarizado), y/o son investigadores/as críticos/as, a cuestionarse qué metodologías se aplican en nuestras aulas y los porqués.

La metodología creada por María Montessori cuenta en la actualidad con un gran apoyo en forma de organizaciones privadas, y académicas de todo tipo, y su autora es una referente mundial en “educación.” Tal es su relevancia que casi parece una herejía cuestionarla, pero es deber de todo/a buen/a profesional de la educación cometer este tipo de actos heréticos en pro de garantizar una educación de calidad a su alumnado. El profesorado ha de desarrollar y poner en práctica el mismo pensamiento crítico y reflexivo que, hasta desde la propia legislación española, por ejemplo, se entiende que debe transmitirse a los y las estudiantes (Ministerio de Educación y Formación Profesional, 2022).

En nuestro humilde juicio, aquel o aquella docente que aplica una metodología “innovadora,” sin indagar ni cuestionar el porqué de la misma, no es mucho mejor profesional que quién sigue replicando las metodologías tradicionales en la escuela. Es debido a esto que hemos querido recopilar información y dar a conocer las sombras de una de las presuntas mayores referentes de la educación contemporánea, y algunas de sus aportaciones pedagógicas para debatir sobre estas. A fin de cuentas, el debate y el pensamiento crítico son vitales para una educación de calidad, y si se evitan estos será imposible avanzar hacia ella.

De hecho, en este escrito no se han llegado a reflejar otras cuestiones de la vida de la autora que resultan llamativas, como su fascinación con el ocultismo, la teosofía, el misticismo o como su exilio en India acabó influyendo en ella hasta el punto de crear algo llamado “pedagogía cósmica” (De Stefano, 2020). Sin duda, sería interesante abordar estos matices de la vida de la italiana, pues dichas corrientes influyeron de una forma u otra en las decisiones que tomó a la hora de crear su método. Es decir, si no llegó a usar una metodología científica de manera rigurosa (Foschi, 2020), sería lógico indagar sobre sus creencias y forma de pensar. También hay muchas cuestiones relacionadas con la forma en la que se aplica en la actualidad su metodología, sobre todo en el caso de aquellos centros y aulas en los que se aplica de manera parcial. El límite entre lo que puede ser catalogado como Método Montessori o no parece ser algo difuso y cuestionable, y sería otro debate a considerar en la comunidad educativa. Sin duda, queda mucho por cuestionar sobre la vida y obra nuestra protagonista, y en qué circunstancias fueron creados el mito, el negocio, y la desinformación, hechos que no debieran formar parte de ninguna educación por un mundo mejor.

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