Desarrollo sustentable, Negocios, Emprendimiento y Educación

ISSN: 2695-6098

Año 8 N.º 77 - Marzo 2026

 

Análisis de las rutinas de trabajo académico entre alumnas y alumnos del Telebachillerato comunitario en México

 

Dr. en Edu. Daniel Cardoso-Jiménez

Profesor Tiempo Completo. Unidad Académica Profesional Tejupilco

https://orcid.org/0000-0002-1762-1511

dcardosoj@uaemex.mx

Dra. en C. y A. Marcela Jaramillo Jaramillo

Investigador, Centro Universitario UAEMéx Temascaltepec

https://orcid.org/0000-0002-2435-7034

mjaramilloj@uaemex.mx

Dra. en C.E.A. Patricia García Hernández

Investigador, Centro Universitario UAEMéx Temascaltepec

https://orcid.org/0000-0002-2568-1303

pgarcíah@uaemex.mx

 

RESUMEN

Esta pesquisa logró identificar las rutinas de trabajo académico de estudiantes de Telebachillerato 013, municipio San Simón de Guerrero, México. La población estudiada fueron 84 bachilleres (56 mujeres y 28 hombres) del ciclo escolar 2023-2024, que vivían en comunidades rurales y tenían en promedio 18 años de edad. La investigación se sustentó en un diseño metodológico de carácter cuantitativo y se recurrió a un enfoque descriptivo sustentado en un diseño no experimental de carácter transversal, se hizo uso del instrumento de hábitos de estudio  de Pozar (2002), que identificó en qué nivel utilizan las valoraciones de: ambiente físico donde se realiza el estudio, gestión del estudio, aprovechamiento de materiales y la internalización de los contenidos, el cual sirvió para respaldar la interpretación a través del método cuantitativo, donde se identificaron las frecuencias de uso por escala y sexo, la información obtenida se trató con el Sistema de Procesamiento Estadístico para las Ciencias Sociales versión 23. En la valoración que evalúa el ambiente físico donde se realiza el estudio, las mujeres superaron a los hombres en nivel normal bajo y alto. En los indicadores vinculados a la gestión del estudio, el aprovechamiento de materiales y la internalización de los contenidos las estudiantes superaron a los estudiantes en los niveles normal bajo y normal moderado.

Palabras clave: rutinas de trabajo académico, alumnas, alumnos, pregrado, comunidad rural.

 

Analysis of academic work routines among students of community Telebachillerato in Mexico

ABSTRACT

This research managed to identify the academic work routines of students at Telebachillerato 013, San Simón de Guerrero municipality, Mexico. The studied population consisted of 84 high school students (56 women and 28 men) from the 2023-2024 school year, who lived in rural communities and were on average 18 years old. The research was based on a methodological design of a quantitative nature and used a descriptive approach supported by a non-experimental cross-sectional design. The study employed Pozar's (2002) study habits instrument, which identified the level at which students utilize assessments of: the physical environment where studying takes place, study management, use of materials, and internalization of content. This instrument helped support the interpretation through the quantitative method, where usage frequencies were identified by scale and gender. The obtained information was processed using the Statistical Package for the Social Sciences version 23. In the assessment that evaluates the physical environment where the study is conducted, women outperformed men at the low, normal, and high levels. In the indicators related to study management, the use of materials, and the internalization of content, female students outperformed male students at the low-normal and moderate-normal levels.

Keywords: academic work routines, female students, male students, undergraduate, rural community.

 

INTRODUCCIÓN

Según las estadísticas presentadas por la OCDE (2017), la trayectoria educativa en México muestra una marcada reducción conforme se avanza en los niveles de formación: de cada cien personas que ingresan al nivel primaria, solo veintiuna culminan estudios universitarios, únicamente cuatro continúan con formación de maestría y apenas una alcanza el doctorado. Esta tendencia se refleja en que solo el 17 % de la población de 25 a 64 años ha accedido a la educación superior, cifra que constituye el valor más bajo entre los países que integran la OCDE, cuyo promedio asciende al 37 %.

En el informe de evaluación realizado por el INEE (2011) sobre la educación media superior se identificó que los alumnos que concluyen este nivel poseen competencias lectoras restringidas, pues solo pueden abordar textos simples y presentan dificultades para vincular la información leída con su experiencia cotidiana. Además, evidencian serias limitaciones para utilizar la lectura como herramienta estratégica para apoyar su propio aprendizaje. Estas insuficiencias podrían constituir un factor que incida en un rendimiento académico limitado durante su transición al ámbito universitario, puesto que en la educación superior se suele exigir la lectura de textos que requieren para su cabal entendimiento, que los lectores sean capaces de realizar inferencias, razonar respuestas, elaborar juicios y argumentar lógica y coherentemente (Vidal y Manríquez, 2016).

En primera instancia, Vicuña (2005) explica que el hábito de estudio exige disciplina y se consolida a través de la repetición sistemática, proceso que contribuye a modificar la actitud del estudiante. De igual modo, García, Gutiérrez y Condemarín (2005) afirman que la formación de hábitos efectivos de estudio demanda responsabilidad y compromiso por parte del alumno, subrayando que la motivación intrínseca, la autodeterminación, el esfuerzo sostenido y la disciplina constituyen elementos centrales para su desarrollo.

Las prácticas de estudio desempeñan un papel decisivo en el logro de un rendimiento académico adecuado, dado que la dedicación permanente al aprendizaje y el estudio sistemático se consideran fuertes predictores del éxito educativo. Además, es necesario considerar la forma en que el estudiante estructura y la gestión de su tiempo, junto con las estrategias, técnicas y métodos que pone en práctica al estudiar (Montes, 2012).

Vicuña (2005) define cinco componentes que integran el conjunto de rutinas de estudio, que a continuación se mencionan:

La primera dimensión se vincula con los modos de atención y participación en clase. Kirton (2013) explica que esta se refiere a las conductas que el estudiante manifiesta durante la lección, incluyendo su capacidad para mantener la concentración, registrar y estructurar sus apuntes, participar activamente en las discusiones con el profesorado y sus pares, así como su tendencia a distraerse durante la actividad académica.

Una dimensión adicional se relaciona con la disposición del estudiante hacia el estudio. Fernández (2014) plantea que este aspecto permite identificar cómo el alumno gestiona sus actividades académicas extraclase y qué métodos y estrategias emplea para favorecer su aprendizaje. Asimismo, dicha dimensión se ve reforzada por el apoyo pedagógico que el docente brinda en el entorno áulico.

La tercera dimensión corresponde al manejo de las tareas escolares. Bell (2002) explica que esta categoría comprende tanto el grado en que el alumno atiende y completa los trabajos asignados como el nivel de responsabilidad que demuestra en su realización.

La cuarta dimensión hace referencia a las acciones que el estudiante realiza para prepararse ante los exámenes. Kirton (2013) sostiene que este aspecto está asociado al logro de los aprendizajes esperados derivados del proceso de estudio, lo cual implica evaluar si el alumno desarrolló o no una preparación suficiente para desempeñarse favorablemente en la prueba.

La última dimensión corresponde al acompañamiento en el proceso de estudio. De acuerdo con Enríquez, Fajardo y Garzón (2015), este componente contempla el conjunto de condiciones físicas que influyen en el estudiante mientras estudia, tales como la gestión del tiempo, el nivel de distracción presente, el acceso a mobiliario adecuado, las características del ambiente de estudio y factores fisiológicos asociados al descanso y la alimentación.

El aprendizaje humano se manifiesta de manera heterogénea, pues existen estudiantes más responsables y competentes, mientras que otros pueden experimentar variaciones en su motivación o en su compromiso académico; incluso las capacidades cognitivas difieren ampliamente entre individuos. Debido a esta diversidad, si los hábitos de estudio no se incorporan como una disciplina sistemática, resulta difícil alcanzar avances significativos en el rendimiento escolar. En consecuencia, es la práctica constante de hábitos de estudio eficaces la que favorece un proceso de aprendizaje más sólido (López, 2009).

Arco y Fernández (2011) sostienen que el hábito de estudio se refiere al modo en que el estudiante se vincula con sus actividades académicas mediante la construcción progresiva de una práctica continua de aprendizaje. Este hábito implica la capacidad de organizar de manera adecuada el tiempo, el espacio, los métodos y otros factores que influyen en el proceso de estudio. En este sentido, resulta esencial que el estudiante disponga de estrategias y recursos pertinentes que le permitan consolidar dicho hábito y conocer las formas más adecuadas de estudiar para favorecer el logro del aprendizaje.

Perellón (2014) señala que la comprensión constituye un elemento central en el proceso de estudio. Del mismo modo, para alcanzar los objetivos académicos es necesario establecer un horario y preparar adecuadamente el ambiente de estudio. No obstante, estudiar de manera óptima resulta complejo, ya que implica la aplicación de diversos métodos y estrategias a los cuales muchos estudiantes no están habituados.

Calero (2007) sostiene que es más común que el conocimiento adquirido se olvide en un periodo breve, en comparación con la posibilidad de retenerlo durante lapsos prolongados. No obstante, esta retención es alcanzable cuando el aprendizaje se lleva a cabo con concentración, adecuada comprensión y un proceso activo de indagación. Por su parte, Oñate (2001) afirma que la práctica pedagógica desempeña un papel esencial en el desarrollo del estudiante, ya que implica crear condiciones académicas que fortalezcan hábitos de estudio efectivos y fomenten en los alumnos la responsabilidad y el compromiso necesarios para un aprendizaje de calidad.

López (2000) señala que resulta fundamental que los estudiantes dispongan de un asesor o guía que les transmita el interés por el estudio, los motive y oriente en el proceso de aprender a aprender. Este acompañamiento favorece el desarrollo de estudiantes autónomos y responsables de su propio saber, condición necesaria para la formación de profesionales competentes.

El análisis de los hábitos de estudio en estudiantes del nivel medio superior (NMS) ha cobrado relevancia en el ámbito nacional e internacional, principalmente por el incremento en los índices de reprobación de las asignaturas que cursan (Villegas, Muñoz y Villegas, 2009).

Uno de los principales retos del sistema educativo nacional es el bajo desempeño que los estudiantes muestran en áreas fundamentales del conocimiento, como español y matemáticas. Diversos factores pueden estar asociados a este rendimiento académico; entre ellos, destacan los hábitos de estudio que desarrolla el propio estudiante (Peña, 2014).

Martínez y Torres (2005 citado por Villegas, Muñoz y Villegas, 2009) indican que no todos los estudiantes enfrentan con buen agrado los desafíos de la vida académica del NMS, que implica una mayor dedicación al estudio y una mejor gestión del trabajo académico, entre otros aspectos.

Jara et al. (2008) señalan que el bajo rendimiento escolar de muchos estudiantes se vincula con dificultades para el autoaprendizaje, la limitada base conceptual en las ciencias y la prevalencia de modelos de estudio centrados en la memorización. Al incorporarse a la educación universitaria, los alumnos deben enfrentar un volumen considerable de información más compleja y, con frecuencia, proveniente de disciplinas poco conocidas para ellos. Esto exige adaptarse a un ritmo académico más riguroso y contar con habilidades cognitivas desarrolladas, además de métodos, técnicas y, fundamentalmente, hábitos de estudio sólidos que les permitan afrontar con éxito las nuevas demandas formativas.

En el desarrollo de los cursos de bachillerato es común identificar estudiantes con desempeño académico limitado en contraste con otros que logran resultados sobresalientes, esta diferencia, en la mayoría de los casos, se vincula directamente con los hábitos de estudio que cada alumno ha consolidado a lo largo de su trayectoria escolar, gran parte de los estudiantes, carece de prácticas de estudio efectivas, entre ellas el manejo adecuado del tiempo, la lectura comprensiva y provechosa, la toma organizada de apuntes, la elaboración de esquemas, la construcción de mapas mentales, el uso pertinente de los recursos de información y el repaso sistemático de los contenidos vistos en clase. La práctica docente actual evidencia que muchos alumnos desconocen estrategias de estudio pertinentes y se posicionan como receptores pasivos que se limitan a repetir la información proporcionada, con frecuencia no realizan lecturas críticas, estudian de manera improvisada, evitan la búsqueda de información complementaria y muestran poca capacidad para analizar, evaluar o reconstruir el conocimiento, esta falta de proactividad les dificulta desarrollar competencias fundamentales como explorar, explicar y generar nuevas ideas, elementos esenciales para un aprendizaje profundo y autónomo (Najarro, 2020).

La ausencia o la escasa práctica de hábitos de estudio se manifiesta cuando los estudiantes no administran de manera adecuada su tiempo para cumplir con sus actividades académicas, carecen de técnicas de estudio efectivas, postergan la preparación hasta el último momento o se distraen con facilidad. Estas características son frecuentes en alumnos que presentan bajo rendimiento, lo que genera sentimientos de desánimo, frustración y, en consecuencia, estrés, al percibir que no alcanzan sus metas de aprendizaje (Acevedo, Torres y Tirado, 2015).

Lo anterior coincide con lo expuesto por Zárate et al. (2018), quienes sostienen que la ausencia de hábitos de estudio incide de manera significativa en el rendimiento académico, pues limita la capacidad del estudiante para responder adecuadamente a las exigencias del aprendizaje.

Según Argentina (2013), los hábitos de estudio corresponden a los patrones de conducta que el estudiantado ha desarrollado y que se vinculan directamente con el cumplimiento de sus metas formativas.

De manera concordante, Sánchez (2002) describe estos hábitos como las prácticas sistemáticas que el estudiante realiza para enfrentarse a nuevos contenidos, familiarizarse con ellos, comprenderlos y finalmente ponerlos en uso.

De igual forma, Zárate et al. (2018) sostienen que los denominados hábitos de estudio comprenden las prácticas académicas habituales que el alumnado lleva a cabo con el propósito de aprender. Estas prácticas suponen la organización y administración del tiempo y los espacios de trabajo, así como la selección de métodos y técnicas de estudio, todo lo cual exige constancia y un alto nivel de disciplina.

La ausencia o escasa práctica de estrategias adecuadas para estudiar se manifiesta cuando el alumnado gestiona de manera ineficiente su tiempo, omite el uso de técnicas de aprendizaje, posterga sus actividades académicas o se distrae con facilidad. Estos comportamientos suelen observarse en estudiantes con bajo rendimiento, generando sentimientos de desánimo, frustración y estrés, al percibir que no alcanzan sus metas formativas (Acevedo, Torres y Tirado, 2015).

 

METODOLOGÍA

La investigación se desarrolló con la participación de las y los estudiantes del Telebachillerato Comunitario número 013, ubicado en el ayuntamiento San Simón de Guerrero, Estado de México. La población analizada consistió en 84 estudiantes de primer, tercer y quinto semestre (56 hombres y 28 mujeres), que residían en áreas rurales y tenían en promedio 18 años. Este centro educativo está situado al suroeste de la Entidad.

No se determinó el tamaño de la muestra, dado que la directora buscaba determinar las rutinas de trabajo académico entre alumnas y alumnos que emplean en su formación académica.

La investigación se enmarcó en un enfoque cuantitativo, empleando un estudio de carácter descriptivo y metodológico no experimental de tipo transversal (Tapia, 2000; Hernández, Fernández y Baptista, 2003).

Instrumento
Se aplicó el Inventario de Hábitos de Estudio (IHE) elaborado por Pozar (2002), el cual permitió evaluar el grado de utilización de diversas subescalas relacionadas con el ambiente físico para estudiar, la gestión del estudio, aprovechamiento de materiales y la internalización de contenidos, estas se consideran determinantes en el desempeño académico del estudiantado. El IHE es una prueba diseñada para identificar el nivel de dominio que el alumno posee respecto a sus propias estrategias de estudio, consta de 90 ítems distribuidos en once factores, organizados en distintas valoraciones del modo siguiente:

Valoración I Ambiente físico para estudiar: consta de 18 factores que agrupan las condiciones del entorno que envuelven al alumno, tales como aspectos personales, entorno físico y conducta escolar.

Valoración II. Gestión del estudio: se compone de 12 componentes que contemplan la programación de todas las actividades, así como, los espacios destinados al descanso y organización de los materiales y recursos necesarios para el estudio e investigaciones.

Valoración III. Aprovechamiento de materiales que, a través de 15 elementos, delimita la administración de los materiales bibliográficos, la planificación de las lecturas y la producción de síntesis o sumarios.

Valoración IV. Internalización de contenidos: son 15 ítems que miden nivel de retención, la actividad personal como en equipo.

Proceso                                                          
Se aplicó el instrumento a los educandos de forma conjunta en cada aula, brindando las directrices sobre la utilización y uso del material, que comprendió un cuaderno y una hoja de respuestas para cada alumno, su uso duró 60 minutos.

Procedimientos cualitativos, según Pozar (2002):

Se aplicó para evaluar la regularidad en la utilización de las rutinas de trabajo académico por los alumnos en las valoraciones ambiente físico para estudiar, gestión del estudio, aprovechamiento de materiales e internalización de contenidos. Se consiguió una puntuación total directa para cada escala básica, la cual comprendió todos los elementos que las componen. La puntuación total directa fue la frecuencia con la que el alumno expresó ejecutar la respuesta seleccionada.

Se logró para cada valoración, una puntuación directa total (PD) donde todos los elementos participaron.

Ajuste y calificación puntual

La calificación total directa se basó en la ejecución de la corrección de cada escala:

Para llevar a cabo la rectificación de valoración I (Ambiente físico para estudiar) en la página inicial de respuestas, la plantilla se colocó de manera que la columna central de óvalos quedara alineada con las opciones marcadas por la persona evaluada en el margen derecho, asimismo, los números 1 y 30 se ubicaron en los óvalos inicial y final para señalar el rango correspondiente.

Cada respuesta del sujeto que se ajustó a algún círculo de la plantilla fue considerada como una respuesta válida y obtuvo la calificación que se evidenció en la parte superior. La calificación relacionada con esa página se calculó como el resultado de agregar los puntajes asignados a las respuestas indicadas en los óvalos; dicho total fue anotado en el recuadro correspondiente ubicado en la parte inferior de la hoja.

A continuación, en la misma página, se procedió igualmente con las otras variaciones (II, III y IV), y los valores obtenidos se consignaron en los espacios destinados para ello en la parte inferior de la hoja, el mismo procedimiento se replicó con las respuestas de las páginas subsecuentes donde los óvalos de referencia debían mostrar los números 31 a 60 en la segunda y 61 a 90 en la tercera, registrando nuevamente los totales en el margen inferior correspondiente.

Se aplicó el mismo método con las respuestas de las páginas siguientes (en los óvalos de referencia deben figurar los números 31 y 60 en la segunda y 61 y 90 en la tercera), anotando los resultados en el margen inferior.

El puntaje bruto de cada escala se calculó al integrar las puntuaciones obtenidas en las tres páginas del instrumento, y dicho valor se consignó en la segunda columna del cuadro de perfil (PD) ubicado en la portada del inventario.

Después, se elaboró el análisis y valoró los hallazgos logrados.

En la mitad de la página de contestación se ubican los puntajes directamente relacionados con cada una de las variaciones, mientras que en las columnas situadas a la derecha e izquierda se refleja la correspondencia con la escala de puntuación.

La sección de evaluación es únicamente una estructura con nueve valores, elaborada por los datos de la clasificación, que facilita la categorización del individuo en relación al conjunto normativo que se utilizó para la categorización. En el frontal del documento esta una puntuación que se divide en varios valores de: Mal, Insatisfecho (de bajo o alto), Normal (de inferior a alto), Bien (de bajo a alto) y Excelente.

Se utilizó las indicaciones de calificaciones, a partir de las puntuaciones registradas en la segunda columna del cuadro de perfil, se determinó inicialmente el baremo correspondiente a cada participante, es decir, el grupo normativo con el que se compararon sus resultados; para este propósito, se tomó en cuenta el nivel educativo (educación media superior).

Posteriormente, se halló en el interior de la hoja la sección de la valoración I, que el sujeto logró en dicha valoración. La nota correspondiente se registró en la primera y última sección de la hoja; este dato se mandó a la sección del gráfico, formando una raya de valoración I, y así con las tres restantes valoraciones.

Para finalizar, los datos recolectados y estructurados se examinaron utilizando el sistema de procesamiento estadístico para las Ciencias Sociales versión 23, lo que resultó en la siguiente información: la frecuencia media por sexo conforme a los estándares del instrumento, permitiendo así establecer el uso por variación de rutinas de trabajo académico en: Mal, Insatisfactorio, Normal, Bien o Excelente.

 

RESULTADOS

De acuerdo al procedimiento utilizado, se consiguió la siguiente información de las valoraciones de comportamientos de estudio por sexo, los cuales se presentan en la tabla 1:

 

Tabla 1

Porcentaje de valoraciones de utilización de los hábitos de estudios por sexo

 

Ambiente físico para estudiar     Normal bajo       Normal moderado           Normal alto      

Mujeres                                               63                           22                                          15              

Hombres                                            60                           28                                          12          

Gestión del estudio

Mujeres                                               53                           42                                          05

Hombres                                            50                           39                                          11

Aprovechamiento de materiales

Mujeres                                               43                           51                                          06

Hombres                                            40                           48                                          12

Internalización de contenidos

Mujeres                                               52                           40                                          08

Hombres                                            49                           38                                          13

               Nota: Desarrollo del autor                                                            

En la valoración ambiente físico para estudiar las mujeres superaron a los hombres en nivel normal bajo y alto, mientras que los hombres sobresalieron en el nivel normal moderado (tabla 1).

En las valoraciones de gestión del estudio, aprovechamiento de materiales e internalización de contenidos las estudiantes destacaron en cuanto a los escolares en los niveles normal bajo y normal moderado, los hombres superaron a las mujeres en el nivel normal alto (tabla 1).

De forma general, las estudiantes destacaron con respecto a los estudiantes en los niveles normal bajo y normal moderado en las cuatro variaciones, por su parte, los hombres obtuvieron puntuaciones superiores a las de las mujeres en el nivel normal alto en las cuatro variaciones (tabla 1).

 

DISCUSIÓN

Ambiente físico para estudiar

Los hallazgos de esta indagación sobrepasan los alcanzados por Torres, et al (2009) en su publicación denominado Hábitos de estudio vs fracaso académico, al señalar que los estudiantes muestran un nivel de uso insatisfactorio en circunstancias del entorno del estudio.

 Las diferencias entre un estudio y otro podrían explicarse por el modelo pedagógico aplicado por la dependencia responsable del nivel bachillerato de México, en su cobertura de Telebachillerato Comunitario (Secretaria de Educación Pública [SEP, 2020), ya que fomenta un método enfocado en el alumno y con una educación holística, en la que el alumno debe poseer ciertas habilidades y destrezas para edificar su entendimiento de determinado tema enseñado en el entorno escolar, respaldado con los textos de cada asignatura que les brindan sin costo. Por lo tanto, esto es visible en alumnos que encuentran ambientes agradables para llevar a cabo sus tareas académicas.

Gestión del estudio

Los descubrimientos de este informe superan lo presentado por Torres et al (2009) al evidenciar que los participantes presentan un nivel insatisfactorio. Se observa similares hallazgos con Martínez-Otero y Torres (2001), en su estudio titulado Análisis de los hábitos de estudio en una muestra de estudiantes universitarios, informan que presentan uso insatisfactorio los alumnos en gestión del estudio. Las discrepancias detectadas entre los estudios pueden atribuirse a una mejor planificación de los trabajos formativos que realizan los colegiales, concretamente, se refiere a los alumnos del Telebachillerato, ya que estos se coordinan para llevar a cabo tareas tanto en el espacio áulico como en los entornos externos al salón de clases, utilizando más minutos para definir un lapso de instrucción individual o colectiva a través de tutoría académica, considerando el turno de lecciones adaptadas.

Aprovechamiento de materiales

Los descubrimientos de este informe resultan más bajos que los señalados por Torres et al (2009), dado que la población juvenil evidencia un nivel categorizado como Normal alto. De igual manera, lo documentado por Martínez-Otero y Torres (2001), al señalar que los escolares presentan un nivel de uso clasificado como Bien alto, a la vez, en la indagación efectuada por Escalante et al (2008) denominado Comportamiento de los estudiantes en función de sus hábitos de estudio, los estudiantes tuvieron un valor de Normal alto.

Las discrepancias entre estudios pueden atribuirse al estatus económico-social familiar, en este escenario, el Telebachillerato está situado en el sector meridional del Estado de México, predomina nivel educativo bajo de las familias, es decir, la población participante se caracteriza por presentar niveles educativos diversos, predominan los padres con educación primaria y secundaria, tanto incompleta como concluida, mientras que únicamente un número reducido de progenitores cuenta con estudios de nivel medio superior o superior. Lo expuesto, impacta de forma directa en el nivel económico-social de cada comunidad. Otro elemento que puede influir en las investigaciones es el monetario, ya que, al residir en una localidad campestre o rural, no existen posibilidades de obtener un trabajo estable y, consecuentemente, de un salario permanente, esto podría contribuir a proporcionar condiciones no favorables para la adquisición de útiles escolares necesarios para el desarrollo de las actividades previstas.

Internalización de contenidos

En esta pesquisa los hallazgos son menores a los divulgados por Torres et al (2009), al indicar que los alumnos exhiben uso Normal alto, un comportamiento parecido se muestra en lo informado por Martínez-Otero y Torres (2001), los escolares registran uso Normal moderado.

Las divergencias detectadas entre investigaciones podrían ser resultado de que las alumnas y los alumnos no entienden los temas antes de retener, lo que dificulta la comprensión e integración de los saberes, todo esto, está íntimamente relacionado con los patrones de estudio empleados en grados inferiores al nivel medio superior, es decir, un sistema pedagógico fundamentado en el aprendizaje conductivo, en el que el profesor solo se enfoca en replicar el saber sin explorar novedosas tácticas pedagógicas que lo conduzcan a alcanzar un aprendizaje relevante y, consecuentemente, en la formación académica de las estudiantes y los estudiantes.

Con respecto al sexo, los resultados se comportaron muy similares en las cuatro variaciones al presentar grados de utilización que oscilan entre niveles normal bajo y nivel alto, superando niveles más bajos del instrumento que son mal e insatisfactorio bajo y alto, esto se puede deber al trabajo de tutoría académica que realizan los docentes del Telebachillerato Comunitario

 

CONCLUSIONES

Tras examinar los datos recogidos en su contexto, se evidencia lo siguiente:

Las valoraciones de las rutinas de trabajo académico de ambiente físico para estudiar, gestión del estudio, aprovechamiento de materiales y la internalización de contenidos, generalmente, presentan tendencia Normal bajo hasta Normal alto de aplicación, en ambos sexos.

El trabajo de tutoría académica que desarrollan los docentes del Telebachillerato Comunitario impactan en el grado de uso de las rutinas de trabajo académico en sus cuatro valoraciones tanto en alumnas como en alumnos, así mismo, necesitan potenciar la aplicación de forma integral en sus estudios.

El alumno acude a la institución educativa con el objetivo de lograr notas aprobatorias y manifiesta escaso entusiasmo en incorporar el saber en su memoria a largo plazo, en lugar de esto, solo rememora la información según lo requieran los profesores.

El grado de escolaridad de los padres de familia y su contexto económico-social influyen en las rutinas de trabajo académico y por ende en sus estudios de bachillerato.

 

REFERENCIAS

Acevedo, D., Torres, J., & Tirado, D. (2015). Análisis de los hábitos de estudio y motivación para el aprendizaje a distancia en alumnos de ingeniería de sistemas de la universidad de Cartagena. Formación Universitaria, 60.

Arco, J. y Fernández, F. (2011). Eficacia de un programa de tutorías entre iguales para la mejora de los hábitos de estudio del alumnado universitario. Revista de Psicodidáctica. Vol. 16, núm. 1.

Argentina, A. (2013). Relación entre Hábitos de Estudio y Rendimiento Académico en estudiantes de primero básico (estudio realizado en el Instituto Básico de Educación por Cooperativa, San Francisco la Unión, Quetzaltenango) (tesis de pregrado). Universidad Rafael Landívar, Guatemala.

Bell, J. (2002). ¿Cómo hacer tu primer trabajo de investigación? Ediciones Gedisa.

Calero, M. (2007). Técnicas de estudio e investigación. Editorial San Marcos E.I.R.L.

Enríquez, M., Fajardo, M., & Garzón, F. (2015). Una revisión general a los hábitos y técnicas de estudio en el ámbito universitario. Psicogente. 18(33), 166-187.

Escalante, l., Escalante, Linzaga, C., y Merlos, M. (2008). Comportamiento de los estudiantes en función a sus hábitos de estudio. Revista electrónica actualidades investigativas en educación. 8. (2).

Fernández, F. (2014). Inventario de hábitos de estudio. 10 va. Edición TEA.

García, C., Gutiérrez, M. y Condemarín, E. (2005). A estudiar se aprende. 9ta ed. Publicada por Ediciones Universidad Católica de Chile, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Alfa Omega Grupo Editorial S.A. de C.V.

Hernández, R., Fernández, C. y Baptista, P. (2003). Metodología de la investigación. Mc Graw Hill.

Instituto Nacional para la Evaluación de Educación [INEE]. (2011). ¿Qué saben los estudiantes al término de la educación media superior? En La educación media superior en México (pp. 117-137). Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

http://www.inee.edu.mx/images/informe2011/informe2011final.pdf.

Jara, D., Velarde, H., Gordillo, G., Guerra, G., Arroyo, C., & Figueroa, M. (2008). Factores influyentes en el rendimiento académico de estudiantes del primer año de medicina. Fac. Med. v.69n.3,Lima.: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S1025-55832008000300009&script=sci_arttext

Kirton, B. (2013). Tips efectivos para mejorar hábitos de estudios. Trillas.

López, J. (2009). Relación entre los hábitos de estudio, la autoestima y el rendimiento académico de los estudiantes de la escuela profesional de medicina veterinaria de la Universidad Alas Peruanas. [Tesis de Maestría] Lima: Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle - Escuela de Postgrado.

López, M. (2000). Cómo estudiar con eficacia. Reducido.

Martínez-Otero, V y Torres, L. (2001). Análisis de los hábitos de estudio en una muestra de estudiantes universitarios. Revista Iberoamericana de educación. 32 (2).

Montes, I. (2012). Investigación longitudinal de los hábitos de estudio en una cohorte de alumnos universitarios. Revista Lasallista de Investigación, vol. 9, núm. 1, 2012, Corporación Universitaria Lasallista-Antioquia, Colombia. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=69524955005

Najarro, V. J. (2020). Hábitos de estudio y su relación con el rendimiento académico de los estudiantes del segundo año de la Escuela Profesional de Medicina de la Universidad Nacional de San Marcos, Perú. Revista Conrado, 16(77), 354-363.

Oñate, C. (2001). La tutoría en la universidad. Instituto de Ciencias de la Educación.

Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico [OCDE]. (2017). Panorama de la educación 2017. Nota País.

https://www.oecd.org/education/skills beyond-school/EAG2017CN-Mexico-Spanish.pdf.

Vidal, D. y Manríquez, L. (2016). El docente como mediador de la comprensión lectora en universitarios. Revista de la Educación Superior, 15(177), 95-118.

 http://publicaciones.anuies.mx/revista/177/3/4/es/el-docente-como-mediador-de-la comprension-lectora-en-universitarios 

Peña, G. (2014). Honduras tiene el segundo peor rendimiento en educación de América Latina. El Heraldo. http://www.elheraldo.hn/alfrente/564923-209/honduras-tiene-el segundo-peor-rendimiento-en-educacion-de-america-latina.

Perellón, J. (2014). Psicología energética EFT para el éxito académico. Manual para el manejo de ansiedad ante los exámenes. Raleigh.

Pozar, F. (2002). Inventario de hábitos de estudio. Publicaciones de psicología aplicada, Tea Ediciones, S. A.

Sánchez, C. (2002). Diccionario de las Ciencias de la Educación. 18va. Ed. Aula Santillana.

Secretaría de Educación Pública [SEP]. (2020). Programa Sectorial de Educación 2023-2024 [en línea]. Diario Oficial de la Federación.

 https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5596202&fecha=06/07/2020#gs c.tab=0

Tapia, B. (2000). Apuntes de metodología de la investigación. Trillas.

Torres, N. R. M., Tolosa, G. I., Urrea, G. M.C., Monsalve, R, M.A. (2009). Hábitos de estudio vs. Fracaso académico. Revista de Educación.  33. (2).

Vicuña, L. (2005). Inventario de hábitos de estudio. CE DEIS.

Villegas, C., Muñoz, F., & Villegas, R. (2009). Hábitos de estudio de los alumnos en el área de Química Orgánica. Revista Biotecnia, Vol. XI, no3:

http://biotecnia.ojs.escire.net/index.php/biotecnia/article/viewFile/72/66

Zárate, N., Soto, M., Martínez, E., Castro, M., García, R., y López, N. (2018). Hábitos de estudio y estrés en estudiantes del área de la salud. FEM: Revista de la Fundación Educación Médica, 21(3), 153-157. https://doi.org/10.33588/fem.213.948